Reviews

Anton Bruckner, Symphony No. 4
Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM)

EL MUNDO

JOSÉ ANTONIO CANTÓN, 6 December 2014

Místico romanticismo

Teatro Cervantes. Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM). Director: Stefan Lano. Sinfonía Núm. 4 en Mi bemol Mayor, "Romántica" de Anton Bruckner.

El quinto programa de abono de la presente temporada de conciertos de la Filarmónica malagueña ha estado dedicado a una de las obras más singulares del compositor austriaco Anton Bruckner, gran sinfonista y excelente organista titular de la Catedral de Linz. Esta última cualidad imprime carácter a sus composiciones orquestales en las que intentó siempre reflejar la sonoridad y expansión acústica del gran instrumento de teclado por antonomasia. Este hecho queda cercenado en el recinto del Cervantes malagueño, dada su escasa reverberación, tan necesaria para el repertorio sinfónico bruckneriano. Pese a ello, la lectura que ha efectuado el músico norteamericano Stefan Lano ha tenido sentido, fruto tanto de su preparación técnica como de su convicción estética.

En cuanto a la primera hay que indicar que mantiene en todo momento un pulso metronómico ajustado al arco temporal que pide cada uno de los cuatro movimientos de la obra, que es una de las más interesantes para conocer las inquietudes creativas del compositor. Lano ha evitado cualquier gesto superfluo de cara a la galería, circunscribiéndose a su discurso con la sola licencia de retraer los tempi de algunas transiciones con la intención de preparar al oyente a la aparición de nuevos motivos. Tal efecto pudo percibirse ya en la reexposición temática al final del primer movimiento, lo que acentuó el subsiguiente brillo de las trompas. El maestro Lano, siguiendo con su forma de conducir, concretó siempre que él era el centro del espacio eufónico, siendo muy escueto en las indicaciones de matices de su mano izquierda, lo que no supuso desventaja alguna en cuanto a expresión de los contrastes tímbricos y dinámicos tan patentes en esta sinfonía.

En cuanto a su planteamiento estético, hay que resaltar que, siguiendo la revisión que hizo el autor el año 1881, la disposición de los instrumentos de la orquesta jugó un papel fundamental para ser fiel a los parámetros sonoros que pide su exposición; así los violines ocuparon contrapuestos la primera línea del escenario, estando los violonchelos y violas en segundo plano, manteniéndose el viento madera en el centro de la formación flanqueada por las trompas y demás metales, para cerrar el arco orquestal con los contrabajos en una clara misión de crear un ambiente envolvente con sus frecuencias bajas que, en el conjunto mostraba una coherencia fónica que paliaba la sequedad acústica mencionada al principio. La OFM adquiría así una impronta sonora que alcanzó más relevancia en el agitado Scherzo, posiblemente el movimiento más conseguido de la sinfonía, donde Bruckner hace valer sus dotes descriptivas.

Stefan Lano dejó para el final lo mejor del concepto que tiene de la Sinfonía 'Romántica'. Supo trascender el extraño romanticismo asignado a esta obra, descubriendo a su vez el soterrado sentido religioso del compositor desde la aparente alternancia de estados musicales que anticipan la descomposición de este estilo, ya en sus postrimerías, sin perder la expresión mística tan esencial en Bruckner. Sin duda poder percibir y, en este caso, admirar esta tensión estético-espiritual ha sido lo mejor de este concierto, muy superior a la percibida hace cuatro temporadas cuando la OFM interpretó la versión de 1878 de esta misma sinfonía.

La Opinión de Málaga

Alejandro Fernández, 8 December 2014

La OFM bajo la dirección de Stefan Lano regaló una de esas veladas donde las páginas saltan de los pentagramas y nace la música de verdad

Director: Stefan Lano. Programa: Sinfonía nº 4 en Mi bemol Mayor, Romántica (versión de 1881), de A. Bruckner.

Cuatro temporadas y tres titulares nos han llovido desde la versión que entonces Enrique Diemecke, a finales de octubre de hace cuatro años, realizara con la Filarmónica de Málaga de la monumental Cuarta de Bruckner. No es la primera vez, por tanto, que la orquesta se enfrenta a la partitura. Si en aquella ocasión tuvo una magnífica acogida de público, el pasado sábado, en cambio, fue fría, preocupante y cuestionable si tenemos en cuenta las letanías de toses, puertas de palcos que oportunamente chirriaban por no señalar a señoras que enjaretaban sin problemas los más diversos temas. Anécdotas aparte, la OFM regaló una de esas veladas donde las páginas saltan de los pentagramas y nace la música de verdad, ésa que, dejes a un lado, convierte a un conjunto en un instrumento seguro.

El compositor austríaco volvió sobre esta pieza escrita a lo largo de 1874 en varias ocasiones hasta llegar a la revisión de 1881, que es, por otro lado, la más recurrente tanto por las orquestas como por la discografía. Hay incluso quien apunta que esta sinfonía es las más apropiada para acceder al sinfonismo bruckneriano, siempre y cuando el músico no sea reducido a la grandilocuencia de los apelativos o la reducción de los tópicos. Bruckner debe ser contemplado como un escultor del sonido, un arquitecto del sinfonismo más depurado. Su particular forma de entender el lenguaje musical, más allá de convicciones personales, hacen de este compositor una figura clave para comprender la síntesis del romanticismo y uno de los pilares junto a Mahler para adentrarnos al crisol del siglo veinte.

Director y compositor, Stefan Lano subió al podio como director invitado para presentarnos una extensa página sinfónica con una OFM reforzada para la ocasión y donde los metales tuvieron un especial protagonismo –concretamente las trompas, que apetecieron soberbias en los dos movimientos extremos ya que exponen los distintos materiales temático de esta cuarta con un claro discurso programático, concretamente en sus tres primeros movimientos–; el cuarto tiempo queda como un motivo de exaltación que en cierta forma da un mayor empaque a los tres motivos anteriores. El amplio allegro inicial nos emplazó en un tiempo mítico que en el fondo evoca al autor del Anillo sin restarle un ápice de personalidad. Forjado sobre la forma sonata los temas que lo articulan vuelven a reaparecer hacia el final de este extenso movimiento.

Lano optó por el discurso más que sobre el efecto, a pesar de la disposición del conjunto, muy acertado por otro lado. En la Romántica la dinámica se adapta al discurso interno de exaltación del creador a través de su obra, de ahí que la orquesta deba mantener una continua tensión dada los cambios cromáticos y tonales que encierra. A la quietud del andante, en ocasiones teñidos del humor mahleriano, le continuó el brillante scherzo. Algo más que un cuadro de caza es, en sí mismo, uno de los tiempos mejor facturados de Bruckner. La OFM tuvo en este capítulo uno de los grandes momentos escuchados en esta temporada, que se coronaría con el Finale en el que no faltan evocaciones del Scherzo. Al destacado papel de los vientos, no podemos olvidar la cuerda, especialmente violas y contrabajos, y el difícil papel que desarrolló el timbalero de la OFM. Un sábado festivo le restó a este abono una mayor presencia en la sala.